sábado, 29 de octubre de 2016

El buscador de desaparecidos en Guerrero

Estelita es la madre de un luchador social que apoyó a cientos de personas de Guerrero en la búsqueda de sus familiares desaparecidos. Cómo muchos otros ciudadanos de la región, ella es una mujer buena y un héroe anónimo porque cada mañana se levanta a continuar la vida y atender a su familia para canalizar el dolor de haber perdido a su hijo, Miguel Ángel Jiménez Blanco, el activista social que motivó y alentó la formación del Comité de Víctimas de Desaparición Forzada “Los otros desaparecidos”. 

Miguel Ángel Jiménez se unió al comité de búsqueda de los 43 estudiantes de Iguala desaparecidos el 26 de septiembre de 2014, y debido a su habilidad nata para el liderazgo, varias personas se le acercaron para decirle que también tenían familiares desaparecidos y los motivó a insistir para hallar a sus seres queridos y canalizar su miedo, su dolor y su incertidumbre. Con empatía los orientaba para luchar por encontrarlos sin buscar culpables, tal como ellos mismos recordaron en el homenaje que le hicieron en el primer aniversario luctuoso el pasado 9 de agosto.

A la familia de Miguel Ángel no le gustaban sus ausencias, pero toleraban sus ideales que coinciden con el mensaje de las Naciones Unidas, en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, en el sentido de que los amigos y familiares que buscan angustiados cualquier indicio para hallar a quienes han sido desaparecidos merecen la total solidaridad para “hacer efectivo su derecho a la verdad y la justicia” así como a saber la suerte o el paradero de sus seres queridos.

La desaparición forzada es un problema social internacional y el estado de Guerrero tiene en su historia huellas marcadas de esta expresión de violencia e inseguridad del que no sólo son víctimas los detenidos desaparecidos, sino también sus familiares y amigos, así como todas las personas allegadas a los desaparecidos o aquellas que participan en su búsqueda y que, derivado de eso, sufren algún tipo de maltrato, intimidación, amenazas o represalias tal como ayer señalaba la Organización de las Naciones Unidas en sus comunicados oficiales.

Miguel fue el segundo hijo de una familia de 8 hijos radicada en Xaltianguis, y compartió la visión de solidaridad integrándose hace ya casi 2 años a los grupos de búsqueda en Iguala y Cocula sin tener personalmente ningún familiar desaparecido. 

Creía en ese derecho a la verdad y a hallar los cuerpos, aún antes de ser amenazado por su activismo y lo creyó hasta aquel triste 9 de agosto de 2015 en que le quitaron violenta y anónimamente la vida. Por eso su familia, que permanece unida y se sobrepone a la pérdida, son miembros del ejército de héroes cotidianos que hay en esta región de la Costa Grande porque pese a los sentimientos de dolor e indignación, trabajan honestamente y son personas de bien.

A Miguel, los Jiménez Blanco lo recuerdan como el hermano vivaz y simpático desde pequeño. Dado a defender los derechos de todos, de abogar o interceder por cualquier compañerito de la escuela o por sus mismos hermanos. Era “hocicón desde chiquito porque no se callaba para decir lo que pensaba”, recuerda su hermana Minerva, quien radica de forma pacífica aquí en la Costa Grande desde hace años trabajando en la orientación de grupos de jóvenes.

En el proceso de superación de su pérdida, ahora han empezado a recordarlo más como el hermano con un enorme talento para dirigir y organizar constantemente a los ocho hermanos ya fuera dándoles comisiones para limpiar toda la casa y zafarse él de esos quehaceres o lo mismo para montar todos juntos funciones de cine en su comunidad natal, Xaltianguis, así como presentar públicamente divertidos shows en los que imitaban a artistas de moda allá por los 80´s y hacer bailes.

En cada nivel escolar que cursó Miguel, fue siempre de la escolta y como era dado a liderar y persuadir, hacia actividades sociales “era capaz de organizar a todo el pueblo y hacer que prestaran la secundaria para hacer funciones de cine y revivir al pueblo haciendo bailes en el centro social al que iban cada fin de semana los jóvenes del lugar vestidos como artistas”, cuenta su hermana quien recuerda que muchas veces les decía que lo que él quería era ver a la comunidad más civilizada y que la gente del pueblo “tuviera en qué ocuparse, porque la gente que no tiene actividad tiende a hacer tarugadas y la gente ocupada, es ociosa y hace cosas malas”.

 A sus veintitantos organizaba torneos deportivos y hasta fue impulsor en su pueblo natal de las campañas del INEA “al grado de que les llenó el cupo, no se daban abasto y tuvieron que conseguir más gente para alfabetizar”, se acuerda su hermana entre risas.

Miguel trabajó por 4 años en Estados Unidos en donde se casó con una argentina con nacionalidad americana. Al regresar se involucró a favor de la reforestación del Cerro Pelón de Xaltianguis porque el río se estaba perdiendo y era uno de los pocos lugares de diversión en la comunidad por los 90’s. 

Un buen día, sin ni tener voz ni voto, fue a la comisaría de Xaltianguis a hacer su propuesta de que la gente se autoempleara y mantuviera limpio el pueblo reciclando, así que la casa de los Jiménez se convirtió en el lugar donde los pobladores concentraban toneladas de fierro y PET y cuando alguno de los miembros de esta unida familia le decía que todo eso se veía feo, recuerdan entre risas a un Miguel que respondía que era más importante tener la comunidad limpia. Y entonces todos le daban por su lado y toleraban sus ideas emprendedoras al grado de que durante la última campaña presidencial fue promotor del voto y la casa paterna fue casi convertida en casa de campaña.

Cuando la oleada de violencia en Acapulco –municipio al que pertenece Xaltianguis- empezó a afectar hasta las comunidades pequeñas, le surgió la idea de organizar a los pobladores para protegerse “porque él decía que no le gustaban los abusos, las extorsiones y los secuestros”. 

Se hizo promotor de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (Upoeg) aun cuando su familia no estuvo muy de acuerdo porque les preocupaba el hecho de que en la casa paterna siempre había muchos niños pequeños visitando a sus abuelos y primos. 

Aunque en ese tiempo su familia tomó distancia para con esas actividades de Miguel, él les decía que luchaba para lograr el bien para sus hijos, por amor a ellos, para buscar el bien de los demás, la paz de la comunidad y que vivieran en un lugar con más tranquilidad “porque como agachones nadie logra nada” y “si hay un pueblo unido, no tiene por qué romperse la paz”, recuerdan.

Durante el último año la dirigencia de la UPOEG se dividió y Miguel pidió ser enviado como asesor. Cuando estaba en esa comisión, ocurrió la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y lo incorporaron al comité de apoyo para la búsqueda de los jóvenes en Iguala, pues 17 de ellos eran de las comunidades donde tiene presencia esa organización. Fue entonces cuando Miguel escaló y escarbó cerros con sus manos y coordinó a un grupo de gente para localizar terrenos blandos y así fue que hallaron la primera fosa. Entonces varias personas más se fueron acercando a decirles que también tenían tiempo buscando a familiares desparecidos hacía tiempo en la región. 

Junto a ellos formó la asociación de búsqueda de desaparecidos y medios internacionales como Telemundo, CNN y la BBC dieron cobertura a lo que hacía el activista para canalizar el desconsuelo de quienes buscaban algún ser querido desparecido desde hacía años.

El recuerdo que dejó Miguel Ángel en su familia fue el de una persona luchona, con carácter, noble y al que “precisamente porque las cosas sí le valían, era que se ponía de defender los derechos de los demás”, pero piensan que a veces sonaba muy ingenuo porque les decía que sí había gente buena y sí se podía lograr el cambio social. 

Ahora prefieren recordarlo como el hermano o el hijo empalagoso, travieso y de cariños pesados que cargaba a Estelita o a la abuela y les daba de vueltas, les picaba las costillas o les tapaba los ojos. 

Miguel Ángel Jiménez, fue el activista que lideró a familiares de Víctimas de Desapariciones en el Estado en la búsqueda de pistas para hallar a sus seres queridos. (Foto: Fam. Jiménez)